Saturday, July 15, 2017

La inversión del antisemitismo de la izquierda. El caso Soros - Evelyn Gordon



La izquierda progresista ha estado revisando la definición de antisemitismo durante algún tiempo. Ya es una vieja noticia el que no consideren como antisemita el atacar a los judíos pro-Israel por su identidad judía. Pero este proceso ha tomado recientemente un nuevo giro. No sólo se ha reducido la definición del antisemitismo al excluir de esa categoría los ataques contra los judíos pro-Israel, sino que ahora también se ha ampliado para abarcar todos los ataques contra esos izquierdistas progresistas que son judíos, incluso si las críticas y ataques contra ellos solamente están relacionados con su ideología y activismos de izquierdas.

Consideremos, por ejemplo, el alboroto ocasionado por la reciente campaña húngara contra George Soros, un destacado financiero y activista de la izquierda, que también es judío. Como parte de su candidatura a la reelección, el derechista primer ministro húngaro, Viktor Orban, empapeló el país con carteles contra la inmigración ilegal que apuntaban a un sonriente Soros con el lema "No dejes que Soros se ria el último", una declaración que refrenda el 99% de los húngaros que se oponen a la inmigración ilegal, sobre todo la musulmana . Orban, que acusa a Soros de financiar a los grupos progresistas que en Hungría hacen lobby para "instalar a un millón de inmigrantes" en el país, también ha llamado a Soros un "multimillonario especulador" y un "especulador financiero estadounidense que ataca a Hungría".

La campaña ha indignado a muchas personas, centrando aparentemente su preocupación en el antisemitismo al ser Soros judío. El jefe de la Federación Judía de Hungría protestó ante Orban diciendo que, a pesar de no ser "abiertamente antisemita", la campaña sí podría provocar antisemitismo. Así también lo hizo el embajador de Israel en Hungría, usando un lenguaje que implicaba poderosamente una campaña era antisemita sin decirlo del todo, hasta que el primer ministro Benjamin Netanyahu ordenó (correctamente) una retracción . Un alto funcionario de la Unión Europea calificó los ataques dirigidos a Soros como "especulador" como antisemitas. The Associated Press incluso publicó una historia en mayo titulada "La demonización de Soros recuerda a las viejas conspiraciones antisemitas".

Algunos ataques contra Soros son antisemitas, como cuando alguien en un mitin anti-refugiados en Polonia en el 2015 prendió fuego a la efigie de un judío ortodoxo diciendo que representaba a Soros. Ese es el antisemitismo clásico: implica que el verdadero problema es el judaísmo de Soros, en lugar de cualquier cosa que haya podido hacer, y que todos los judíos son responsables de las acciones de Soros.

La campaña húngara, sin embargo, se dirige contra Soros no por su judaísmo, que ni siquiera menciona, sino por sus acciones, específicamente el hecho de que sea uno de los principales financiadores de las organizaciones pro-inmigración en Hungría.

De acuerdo con los datos proporcionados a la Associated Press por las Fundaciones por una Sociedad Abierta de Soros, hasta ahora ha donado 12.000 millones de dólares en todo el mundo, de los cuales 400 millones se han destinado a Hungría. Dudo que Hungría tenga muchos otros donantes aportando fondos de esa magnitud para causas progresistas (solamente Soros). Así que si ustedes creen que resulta problemático verter enormes sumas de dinero en un país para promover agendas inmigratorias que la mayoría del país considera perjudiciales para su bienestar - una posición con la que simpatizo, dado el daño que tácticas similares han causado a Israel -, entonces Soros sería un objetivo legítimo por razones que no tienen nada que ver con su judaísmo.

Por otra parte, mientras que la palabra "especulador" se utiliza a menudo como código o insulto antisemita para referirse a "judío", en el caso de Soros, es la auténtica verdad. Soros no hizo su fortuna produciendo mejores productos. Lo hizo especulando contra los mercados, donde es especialmente famoso por haber acumulado mil millones de libras en un solo día apostando contra la libra británica, ganándose así el apodo de "el hombre que quebró el Banco de Inglaterra". Así que si ustedes creen que la especulación financiera es perjudicial para la sociedad, entonces Soros puede ser una auténtica encarnación de este mal económico en particular. Eso tampoco tiene nada que ver con su judaísmo.

En resumen, Soros está siendo atacado no por su identidad judía, sino por sus acciones. Sin embargo, tanto judíos como no judíos se han levantado para declarar que esa crítica era "antisemita" y únicamente porque es judío. En el valiente mundo de la izquierda, no se puede llamar especulador a un especulador ni criticarlo si resulta que es un donante progresista por sus donaciones a las causas progresistas. Mientras sea un judío progresista, resulta intocable.

Ahora contrasten esto con, por ejemplo, lo que pasó en la "Marcha del Chicago Dyke" del mes pasado, cuando tres judías lesbianas llevando banderas de arco iris con una Estrella de David fueron expulsadas de la marcha porque la bandera era "pro-Israel", y por lo tanto resultaba inaceptable en una marcha progresista. La Estrella de David es el símbolo judío más reconocible y lo ha sido desde mucho antes del establecimiento de Israel, es precisamente por eso que Israel puso una en su bandera nacional. Esa es también la razón por la que la llamada Bandera del Orgullo Judío tiene una Estrella de David sobre su fondo de arco iris, no para representar a Israel, sino para representar al judaísmo de los manifestantes. Como dijo una de las personas expulsadas: "Era una bandera de mi congregación que celebra mi identidad judía lesbiana".

En otras palabras, estos manifestantes fueron expulsados ​​únicamente por llevar un símbolo obviamente judío en un evento progresista. Este es el antisemitismo clásico: los judíos son bienvenidos sólo si se despojan de cualquier cosa que pueda identificarles como judíos. Sin embargo, dentro del mundo progresista este antisemitismo se considera perfectamente aceptable siempre y cuando se afirme, como los organizadores de la marcha, que las víctimas fueron expulsadas por ser "sionistas".

No obstante, algunos progresistas parecieron darse cuenta de que esta justificación era una tomadura de pelo: por eso, y por el delito de airear esa ropa sucia, el galardonado reportero que hizo pública la historia de la expulsión de esa judías de la marcha fue sumariamente eliminado de su trabajo en un periódico LBGT de Chicago, y transferido al Departamento de ventas.

La distinción entre lo que es y lo que no es antisemita debe ser obvia: cuando los activistas progresistas - o cualquier otro tipo de activistas - son atacados porque son judíos, eso es antisemitismo. Cuando son atacados por sus activistas progresistas, eso no es antisemita, aunque también sean judíos.

Sin embargo, en una inversión impresionante, la izquierda progresista ha convertido esta obvia distinción en el tema principal: Apuntar a las personas por ser judíos ya no resulta antisemita, pero apuntar a las personas por ser activistas progresistas sí lo es. Así, en lugar de ser un escudo para proteger a los judíos, las acusaciones de antisemitismo se han convertido en un escudo para proteger a los izquierdistas. Y por lo tanto, la izquierda ha completado el proceso de redefinir el antisemitismo en beneficio propio y en detrimento de los judíos.

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